Año: 2021
Ubicación: San Isidro, Lima
Coautores: Pamela Remy (Blanco)
Fotografía: Iván Salinero
Lila vive en Miguel Dasso, una agitada calle en San Isidro donde confluye una gran diversidad de actividades y personajes. Dentro del salón, dos mesas de medidas exageradas reúnen toda esta dinámica y su imprevisibilidad. El resto de piezas que acompañan las mesas son las que se encuentran en una casa: armarios, sillones, muebles con repisas, espejos, alfombras, lámparas. La acción del restaurante se acomoda en estas piezas sueltas sobre un suave piso de madera que inunda el espacio sin restricciones. Las paredes blancas, desnudas, dejan ver las cicatrices del local anterior. En esta actitud doméstica, el corazón del restaurante es la cocina que se muestra abierta, acogedora, cuidadosamente vestida de una laja rosada y un ventanal que recibe luz natural lateral.
Al salón se le adjunta una dimensión pública que es un espacio previo exterior, una terraza techada que alarga la actividad de la calle por 8 metros, cuyo piso de adoquines se teje con el de la vereda. Mesas y sillas se acomodan alrededor de un jardín de flores sombreado por un techo curvo brillante que proyecta la dinámica urbana al interior del local. La terraza, aunque muy expuesta, tiene el cobijo de tres grandes cortinas de tela traslúcida y está delimitada por dos largas bancas de parque.
Detrás del restaurante se descubre un valor adicional que es un patio abierto al cielo, el rescate de un antiguo estacionamiento. Un lugar árido al que se le ha implantado una infraestructura perimetral de postes y cables para pronto desaparecer con madre selva, bignonias y buganvillas. El nuevo sistema, además, mantiene el patio vivo con iluminación, calefacción y música. El centro del patio lo domina un macetero suspendido que alberga las plantas aromáticas usadas para terminar algunos platos en la cocina.
Lila recibe mucho de la sensación desinteresada de cobijo y cariño de un ambiente familiar. La idea de “la casa de la abuela” está impresa de alguna manera en el espacio. Viene de allí la actitud de completar el restaurante sin alardes, con adornos florales, vajilla, mantelería, objetos, todos recolectados de todos lados. Son estas piezas las que terminan de orquestrar la dinámica del restaurante de manera muy personal y humana.